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Blog Kike Valderrama

News about photography, tips, photographer articles, techniques, equipment, editing and photo retouch, tutorials, opinions and everything about my likes. 

 

We Are the Generation That Doesn’t Want Relationships

Kike Valderrama

 “Most Detached”, “Biggest Apathetic Attitude”, and “Best at Being Emotionally Unavailable”, what we end up actually winning is “Most Likely to Be Alone”.

We want the façade of a relationship, but we don’t want the work of a relationship. We want the hand holding without the eye contact, the teasing without the serious conversations. We want the pretty promise without the actual commitment, the anniversaries to celebrate without the 365 days of work that leads up to them. We want the happily ever after, but we don’t want to put the effort in the here and now. We want the deep connection, while keeping things shallow. We long for that world series kind of love, without being willing to go to bat.

We want someone to hold our hand, but we don’t want to put the power to hurt us in their hands. We want cheesy pick up lines, but we don’t want to be picked up… for that involves the possibility of being set down. We want to be swept off our feet, yet at the same time remaining safely, independently, standing on our own. We want to keep chasing the idea of love, but we don’t want to actually fall into it. 

We don’t want relationships – we want friends with benefits, Netflix and chill, nudes on Tinder. We want anything that will give us the illusion of a relationship, without being in an actual relationship. We want all the rewards and none of the risk, all of the payout and none of the cost. We want to connect – enough, but not too much. We want to commit – a little, but not a lot. We take it slow: we see where it goes, we don’t label things, we just hang out. We keep one foot out the door, we keep one eye open, and we keep people at arm’s length - toying with their emotions but most of all toying with our own.

When things get too close to being real, we run. We hide. We leave. There’s always more fish in the sea. There’s always another chance at finding love. There’s just such a little chance of keeping it these days…

We hope to swipe right into happiness. We want to download the perfect fit like a new app - that can be updated every time there’s a hitch, easily compartmentalized into a folder, deleted when we have no more use for it. We don’t want to unpack our baggage – or, worse, help someone unpack theirs. We want to keep the ugly behind the coverup, hide the imperfections with an Instagram filter, choose another episode on Netflix over a real conversation. We like the idea of loving someone despite their flaws; yet we keep our skeletons locked in the closet, happy to never let them see the light of day.

We feel entitled to love, like we feel entitled to full time jobs out of college. Our trophies-for-everyone youth has taught us that if we want something, we deserve it. Our over-watched Disney VHSs taught us true love, soul mates, and happily ever after exist for everyone. And so we put in no effort, and wonder why our prince charming hasn’t appeared. We sit around, upset that our princess is no where to be found. Where is our consolation prize? We showed up, we’re here. Where’s the relationship we deserve? The true love we’ve been promised?

We want a placeholder, not a person. We want a warm body, not a partner. We want someone to sit on the couch next to us, as we aimlessly scroll through another newsfeed, open another app to distract us from our lives. We want to walk this middle line: pretending we don’t have emotions while wearing our heart on our sleeve, wanting to be needed by someone yet not wanting to need someone. We play hard to get just to test if someone will play hard enough – we don’t even fully understand it ourselves. We sit around with friends discussing the rules, but no one even knows the game we’re trying to play. Because the problem with our generation not wanting relationships is that, at the end of the day, we actually do.

By Krysti WilkinsonIce cream addict. Writer. Klutz. www.krystiwilkinson.com

http://www.huffingtonpost.com/entry/we-are-the-generation-who-doesnt-want-reltionships_us_572131a5e4b03b93e7e435d8

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Somos la generación que no quiere relaciones

Kike Valderrama

Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram los domingos por la mañana, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a "me gusta" y poner un comentario, queremos una publicación digna del hashtag #parejaperfecta. Queremos tener a alguien con quien ir de brunch los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee buenos días los miércoles. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones.

Buceamos por Tinder en un intento de encontrar a la persona adecuada. Como si tratáramos de hacer un pedido a domicilio de nuestra alma gemela. Leemos artículos como Cinco maneras de saber que le gustas o Siete formas de gustarle, con la esperanza de ser capaces de moldear a una persona para tener una relación con ella, como si de un proyecto de artesanía que hemos visto en Pinterest se tratase. Invertimos más tiempo en nuestros perfiles de Tinder que en nuestra personalidad. Y aun así no queremos tener una relación.

Hablamos y escribimos mensajes de texto, mandamos fotos o vídeos por Snapchat y tenemos conversaciones subidas de tono. Salimos y aprovechamos la happy hour, vamos a tomar un café o a beber cerveza; cualquier cosa con tal de evitar tener una cita de verdad. Nos mandamos mensajes para quedar y mantener una charla insustancial de una hora solo para volver a casa y seguir manteniendo una charla insustancial mediante mensajes de texto. Al jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador, renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría el que acabará solo.

Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar.

Queremos alguien que nos dé la mano, pero no queremos darle a alguien el poder para hacernos daño. Queremos oír frases cutres de ligoteo, pero no queremos que nos conquisten... porque eso implica que nos pueden dejar. Queremos que nos barran los pies, pero, al mismo tiempo, seguir siendo independientes y vivir con seguridad y a nuestro aire. Queremos seguir persiguiendo a la idea del amor, pero no queremos caer en ella.

No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, "mantita y peli" y fotos sin ropa por Snapchat. Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Queremos sentir que conectamos con alguien lo suficiente, pero no demasiado. Queremos comprometernos un poco, pero no al cien por cien. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien.

Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Nos escondemos. Nos vamos. Hay muchos peces en el mar. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día...

Esperamos encontrar la felicidad. Queremos descargarnos a la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un fallo, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utiliza. No queremos abrirnos; o, lo que es peor, no queremos ayudar a nadie a abrirse. Queremos mantener lo feo tras una portada, esconder las imperfecciones bajo filtros de Instagram, ver otro episodio de una serie en vez de tener una conversación real. Nos gusta la idea de querer a alguien a pesar de sus defectos, pero seguimos sin dejarle ver la luz del día a nuestro auténtico yo.

Sentimos que tenemos derecho al amor, igual que nos sentimos con derecho a un trabajo a jornada completa al salir de la universidad. Nuestra juventud repleta de trofeos nos ha enseñado que si queremos algo, merecemos tenerlo. Nuestra infancia rebosante de películas Disney nos ha enseñado que las almas gemelas, el amor verdadero y el felices para siempre existen para todos. Y por eso no nos esforzamos ni nos preguntamos por qué no ha aparecido el príncipe o la princesa azul. Nos cruzamos de brazos, enfadados porque no encontramos a nuestra media naranja. ¿Dónde está nuestro premio de consolación? Hemos participado, estamos aquí. ¿Dónde está la relación que merecemos? ¿Dónde está el amor verdadero que nos han prometido?

Queremos a un suplente, no a una persona. Queremos un cuerpo, no una pareja. Queremos a alguien que se siente a nuestro lado en el sofá mientras navegamos sin rumbo fijo por las redes sociales y abrimos otra aplicación para distraernos de nuestras vidas. Queremos mantener el equilibrio: fingir que no tenemos sentimientos aunque seamos un libro abierto; queremos que nos necesiten, pero no queremos necesitar a nadie. Nos cruzamos de brazos y discutimos las reglas con nuestros amigos, pero ninguno conoce el juego al que estamos intentando jugar. Porque el problema de que nuestra generación no quiera relaciones es que, al final del día, sí que las queremos.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

 

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Mi Consejo Es Que Te Largues

Kike Valderrama

Es Que Te Largues a otro lugar, a otro corazón,a otros labios, a otro país, a otra casa, a otro trabajo. Que te largues, y que te largues lejos. De lo que te hace sufrir, de lo que huele a viejo, de lo que ya no usas, de lo que no te aúlla dentro como mil bocas de lobo en mitad de la noche. Que te vayas. De lo que sobra, de lo que no te empuja hacia adelante, de lo que no brilla, de lo que es rancio y tiene un sabor amargo, como el portazo que se le da a un círculo que se cierra o la despedida que se cuela entre los dedos cuando ya no puede avivarse lo que está muerto.

Que te empeñas en quedarte donde ya no te quieren, por el ‘tal vez’, el ‘ojalá’, el ‘y si mañana’. Lloriqueando en los rincones, los corazones, escupiendo -y esculpiendo-  lágrimas y haciendo obras maestras con un dolor que ya no te pertenece. Porque sí  y porque no vamos a engañarnos a estas alturas. Que nos faltan pelotas y nos sobran motivos para largarnos. De aquí, de allí, del ‘ya veremos’, del ‘quizás más adelante’.

Que no nos alejamos porque no (nos) queremos y porque estamos hechos de piedra en lugar de precipicio. Impregnados en silencio, en condescendencia nuestra y ajena, de conformismo y de pasado. Y las risas, y el movimiento, y la vibración para el de al lado, que a nosotros nos pesa demasiado eso de decidir empezar la vida porque no vaya a ser que me dé un guantazo y entonces la liemos.

Que te repito: que te compres el billete, que dejes el frío y que vivas. Que te alejes. De la sombra de tu sombra, de la opinión de la masa, de las preguntas intrusas, del silencio dilatado,  del veneno y los estómagos vacíos. Que busques y que encuentres, que no te vacíes y que si saltas lo hagas sabiendo que puedes estamparte.

Porque si te quedas, si finalmente decides que no te largas y te quedas, porque estás inmóvil esperando sin conciencia y sin supervivencia, arrastrado y exhausto quejándote de lo que no te gusta, entonces te mueres y de ahí ya no sales.

Y si de ahí ya no sales, te lo prometo, entonces te lo pierdes.

ESCRITO POR

Natalye Carbayo / @Serendiotica

Texto Extraido de http://www.codigonuevo.com/

 

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